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  • Rafa Méndez

Relatos del Señor de Araró

La cancelación de la entrada del Señor de Araró sin duda alguna fue un hecho que nos conmocionó a muchos. En mi caso desde que nací no había faltado a ninguna entrada pues mi madre desde bebé me llevó siempre. Cada año espero con ansias que llegue el momento en que hemos de ir por Él hasta Araró y acompañarlo en la procesión de regreso a Zinapécuaro. Siempre me ha gustado ver todos los adornos que se ponen en el pueblo, en especial en el barrio de San Juan que para mí son de los más coloridos tanto por los hilos como por las posas y los tapetes.


Según yo es la primera vez que se cancela esta hermosa fiesta que tan arraigada tenemos, pero he escuchado de algunas personas tanto en mi familia como conocidos en el pueblo las veces anteriores en que estuvo a punto de no llevarse a cabo esta bella tradición.


Uno de los relatos habla de una ocasión en que no llevarían al señor a Zinapécuaro sino lo harían hasta Morelia. Este hecho al parecer no le agradó nada al Señor de Araró y dejó de llover por un buen tiempo en la región, afectando así los sembradíos. Un general ya retirado del ejército, y que tenía muchas tierras sembradas en los alrededores, al no encontrar una explicación lógica a la falta de lluvias en aquella época, muy abundantes por cierto, creyó que el único motivo por el cual no llovía se debía a aquella decisión que se tomó de no llevar al Señor de Araró a Zinapécuaro. Según cuenta el relato apenas terminó el general de reunirse con las personas encargadas y convencerlos de que la entrada debería ser como siempre había sido las gotas empezaron caer y las cosechas se salvaron.


Otra de estas narraciones cuenta el hecho de que en una ocasión decidieron que el Señor de Araró no llegaría a descansar a la capilla del barrio de San Juan a donde normalmente llega en la madrugada del jueves sino sería hasta la parroquia de San Pedro y San Pablo. Ante esta extraña decisión cuando sacaban al Señor en su urna del templo de Araró, para comenzar la procesión, increíblemente los costados laterales, los brazos, habían crecido por lo que no podían sacarlo del templo. Nadie se explicaba cómo es que aquello había sucedido, intentaron de varias maneras sin tener éxito. Pasó mucho tiempo hasta que alguien recordó lo sucedido cuando quisieron llevarlo hasta Morelia y de inmediato le pidieron una disculpa al Señor rectificando su error y decidiendo que todo sería como dictaba la tradición de llegar primero a San Juan. Como era de esperarse el Señor salió de su templo y comenzó la procesión tal y como debía de ser.


Los hechos aquí narrados son relatados tal y como yo los escuché, no sé si sean verdad o no, pero me hace sentido que siempre se hará la voluntad de Dios y en este caso quizá sea su voluntad que guardemos estos días en nuestras casas con nuestras familias y de esta manera combatir esta terrible epidemia que nos ataca como humanidad. Yo soy de la creencia de que la fe es muy grande y nos puede proteger de todo pero también que Dios tiene sus designios y debemos acatarlos y en este caso si Él quiere que la fiesta se lleve a cabo, aunque sea unos días, semanas o meses después, esta se hará y si no es así pues nos toca entonces respetar su designio y orar y reflexionar sobre lo que pasa en este mundo y seguir trabajando y esforzándonos en ser mejores seres humanos.

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